LOS PERREDEÍSTAS DE BERNARDO. En la
encuesta de Bernardo Vega, viejo y enconado
adversario del PRD, hay unos
perredeístas muy extraños. Se les identifican a Bernardo
como del PRD, pero no se han enterado de que ya el candidato, presidente y líder del
partido blanco, es Miguel Vargas. Tampoco saben que Hipólito Mejía ya no es del
PRD sino del PRM. Es decir, que según Bernardo son electores desconocedores de
que una cosa es PRD y otra PRM ¿cómo será eso?
MÁS QUE EXTRAÑOS, son los perredeístas entrevistados por Bernardo. Los encuestados tienen una primera lealtad, que es la de su
partido y sus candidatos, y luego de establecida esa primera lealtad, se les
pide que en caso de no tener esa primera lealtad, cuál sería su segunda lealtad…pero
es el caso que los entrevistados de Bernardo dicen que tienen una primera
lealtad pero se expresan primero a favor de la segunda. Los encuestados de Bernardo ¿Serán PRD?¿Son PRM? Si el ex gobernador del Banco Central no está rompiendo el
encuestómetro, debe andar bien cerca.
EL USO TAN OBVIO y hasta burdo que se ve
en la de Bernardo y en otras recientes encuestas, en procura de fijar
percepciones electorales, no es nuevo en el país. En las elecciones de 1996, en
la primera vuelta Peña Gómez obtuvo un 47% contra la alianza del presidente
Joaquín Balaguer+PLD, que alcanzó un 38%. La perfomance de Peña en primera
vuelta había sido tan contundente, que había que “bajarlo”, y "con duro", para la
segunda vuelta.
DÍAS DESPUÉS de esa primera vuelta, se
publicó la encuesta Gallup-Rumbo proyectando para la segunda vuelta resultados de un 55%
para la alianza presidente Balaguer+PLD frente a un 44% Peña Gómez. La diferencia en segunda vuelta fueron en realidad de alrededor de 2.5% a favor del presidente
Balaguer+PLD, no de un 11% como perversamente proyectó Gallup-Rumbo. Pero ya el
daño estaba hecho en la percepción de la gente, lo cual fue completado por el gobierno de Balaguer con una masiva campaña de apresamientos y amedrentamiento de morenos que se entendía podían votar por Peña Gómez, a los cuales se despojó de su cédula de identidad y electoral para que no pudieran sufragar. Los abusos de entonces fueron de tal magnitud, que los protestó hasta el New York Times.


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